El Rocío

El Rocío

Cada año, días antes del Domingo de Pentecostés, durante los meses de mayo o junio en función del calendario litúrgico, da comienzo la romería supracomunal más relevante de todo el contexto andaluz, llegando a sobrepasar el ámbito de la comunidad autónoma. Es la romería del Rocío en la localidad onubense de Almonte. Su carácter multitudinario, en la que participan más de cien hermandades filiales, asociaciones y miles de personas, junto con el hecho de que una parte importante de la misma se desarrolla en un espacio medioambiental protegido (Parque Nacional de Doñana), hace necesaria una compleja organización que implica a varias administraciones públicas y a las hermandades que acuden en peregrinación. Como toda romería, la del Rocío conlleva numerosos preparativos ya que son muchas las hermandades que peregrinan desde otros pueblos y ciudades, lo que implica un largo camino y varios días de estancia en El Rocío. En su mayoría proceden de poblaciones de Sevilla, Huelva y Cádiz, aunque son numerosas las que acuden desde distintos puntos de la península. Para los almonteños, el Rocío, festividad de su patrona, comienza el miércoles previo a Pentecostés por la mañana. Tras recoger al hermano mayor, al Simpecado de la iglesia de Nuestra Sra. de la Asunción y celebrar una misa de romeros, la comitiva de la hermandad matriz recorre las calles de Almonte, antes de iniciar el camino hacia la aldea. La hermandad entra al Rocío “entre dos luces” y se dirige por el Camino de los Llanos hasta el santuario, para presentarse ante la Virgen y cantarle la salve. Los días siguientes la hermandad matriz recibe a las filiales que van llegando escalonadamente a la aldea. El sábado constituye el primer día oficial de la festividad de la Virgen del Rocío, víspera de Pentecostés. Sobre las doce comienza, ante la puerta mayor del santuario del Rocío, la recepción de todas las hermandades filiales que desfilan ante la Virgen del Rocío, la hermandad matriz, al ser la anfitriona, el obispo de Huelva y otros miembros del clero y los representantes de ayuntamiento de Almonte. Con el desfile de las carretas de los Simpecados se pone punto y final, simbólicamente, al “Camino”. El domingo, a las diez de la mañana se celebra en El Real del Rocío la misa de Pentecostés que constituye uno de los actos centrales de la romería, presidida y oficiada por el obispo de Huelva y a la que acuden todas las hermandades. Hacia medianoche, se celebra el Santo Rosario, acto solemne en el que participan todas las hermandades portando sus Simpecados, encabezados por la hermandad matriz. Tras su finalización, los rocieros aguardan con fervor a que la “Reina de las Marismas” salga en procesión. Los jóvenes almonteños se convierten en los principales protagonistas. Reunidos alrededor de la reja que separa a la imagen de sus fieles en el interior de la ermita, esperan la llegada del Simpecado de la hermandad matriz. Cuando, a una hora no precisada, aparece el Simpecado en la puerta del santuario, las miles de personas allí congregadas estallan en gritos y palmas, animando a los almonteños a saltar la reja. Antes de que alcance el altar, los mozos almonteños ya han tomado en hombros a su patrona y se abre la verja, iniciándose la procesión ya en el interior del templo. Entre cánticos, loas y salves a la Virgen, la procesión recorre la aldea, visitando a cada uno de los Simpecados de las hermandades filiales. Tras casi doce horas, la Virgen llega a la casa de la hermandad matriz y acto seguido la hace su entrada en el santuario, mientras los romeros entonan la salve rociera. A la caída de la tarde las carretas ponen rumbo a su lugar de origen, siendo la hermandad matriz la última en abandonar El Rocío.